Pumas y guanacos sin límites: "Las fundaciones privadas hacen una conservación de depredadores sin control”

Carlos Tschudi, productor ovino de quinta generación en Camarones, asegura que la sobrepoblación de depredadores por la falta de control en fundaciones privadas afecta a campos vecinos. "Necesitamos que no haya un perjuicio para el vecino", reclama.
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La expansión de espacios privados destinados a la conservación de fauna se convirtió en una de las principales preocupaciones planteadas por productores de Camarones durante la reunión provincial del sector. Carlos Tschudi, productor ovino de quinta generación y representante de la Sociedad Rural de Camarones, sostuvo que la creación de estas áreas debe contemplar necesariamente el impacto sobre los establecimientos productivos que se encuentran en sus alrededores.

Según explicó, en los últimos años los productores de la zona observaron un incremento tanto de la presencia de depredadores como de la población de guanacos. En particular, señaló al puma como una de las principales amenazas para la producción ovina.

“Uno de los problemas que nos está atravesando es el depredador, más que nada el puma, que ha venido por la cantidad de campos vacíos”, explicó Tschudi. A esa situación sumó la presencia de fundaciones privadas que desarrollan acciones de conservación de fauna en la región.

El reclamo apunta a las fundaciones privadas

Tschudi sostuvo que el problema no radica en la conservación de las especies autóctonas, sino en la ausencia de mecanismos que permitan controlar los efectos que esa conservación puede generar sobre los campos vecinos.

“Las fundaciones privadas que se están creando en la zona perjudican directamente a los productores porque hacen una conservación de depredadores sin control”, afirmó.

En ese sentido, explicó que los animales no permanecen necesariamente dentro de los espacios donde son protegidos, sino que se desplazan hacia establecimientos productivos cercanos.

“El depredador no se queda en su lugar, sino que se traslada a los campos vecinos, hace daño y vuelve de vuelta a las fundaciones, a los campos de ellos. Pero el daño a los vecinos no hay forma de controlarlo”, señaló.

“Que no haya un perjuicio para el vecino”

Frente a esta situación, el productor planteó la necesidad de establecer reglas claras para las áreas privadas de conservación y mecanismos que eviten que los establecimientos productivos terminen absorbiendo las consecuencias de esas políticas.

“El productor sabe lo que tiene que hacer para producir. Eso no necesitamos que nos lo enseñen. Lo que necesitamos es ayuda en estos factores externos”, sostuvo.

Y agregó: “Si van a hacer un área protegida privada, que no perjudique al vecino. Que vean las formas, sea con alambrado perimetral o lo que sea, pero que no haya un perjuicio”.

Conservar y producir: un equilibrio que, según el productor, debe ser posible

Para Tschudi, el desafío consiste en encontrar un equilibrio entre la conservación de la fauna y la continuidad de las actividades productivas que históricamente se desarrollaron en la región.

En ese punto, remarcó que no se trata solamente de una actividad económica, sino de una forma de vida sostenida durante generaciones.

“Hay producciones de más de 130 años. Son generaciones, generaciones que vivieron del campo y que siguen sosteniendo una producción, y hay que respetar eso”, afirmó.

El productor explicó que su propia familia lleva cinco generaciones vinculada a la producción ovina en la zona de Camarones. La actividad comenzó en 1898, cuando su tatarabuelo incorporó las primeras ovejas provenientes de Malvinas. Actualmente, entre sus dos establecimientos reúne alrededor de 7.000 animales de producción Merino.

El aumento de los guanacos también preocupa

La preocupación no se limita a los depredadores. Tschudi también señaló un crecimiento significativo de la población de guanacos en sectores próximos a los establecimientos productivos.

“Notamos una sobrepoblación muy grande de guanacos y los depredadores, que antes no eran un problema tan grande, hoy han aumentado en cantidad”, explicó. Desde su perspectiva, la existencia de lugares donde determinadas especies cuentan con protección favorece su concentración y posterior desplazamiento hacia los campos productivos.

“Cada vez se hace más difícil producir”

El planteo de los productores se da en un contexto en el que los costos de producción continúan siendo elevados y las pérdidas por depredación se incrementaron.

“Hoy los números han mejorado para el productor, pero siguen siendo altos los costos para producir”, señaló Tschudi, quien advirtió que el aumento de las pérdidas modifica sustancialmente la ecuación de los establecimientos.

“Los porcentajes de pérdida han aumentado mucho por culpa del depredador. Entonces sí es inviable producir”, afirmó.

Para el productor de Camarones, el reclamo central es que las políticas de conservación incorporen también la realidad de quienes producen en esos territorios: la protección de la fauna no debería significar, según plantea, que los productores vecinos deban asumir solos las consecuencias de esa conservación.